EL HOMBRE QUE NUNCA SE DETUVO
Siga
estas reglas para lograr su propio infarto:
I. Su
trabajo es lo único valioso. Los asuntos
personales son secundarios. Entréguese de lleno a él, piense solo en producir.
Usted tiene que ser un hombre o mujer de éxito, aunque lo disfrute en el
cementerio.
II. Trabaje
sábados, domingos y feriados. Nada de descanso, nada de cine, nada de canas al
aire. A lo mejor, las horas extras le reporten tano dinero para cuando le dé el
anhelado infarto.
III. Por
las noches es peligroso ir al trabajo, lo pueden asaltar o secuestrar. Es mejor
que lleve el trabajo a su casa. Cuando todos duermen, usted puede trabajar a
sus anchas. ¡bienvenido el infarto!
IV. Nunca
diga no a lo que piden que haga. Métase en todos los comités, consejos,
comisiones, asociaciones, vaya a todas las reuniones.
V. ¡usted
es de acero! No tome vacaciones, ya las tomará cuando muera. El cementerio es
un buen hotel de reposo. No hay ruido.
VI. Viaje
solo por su trabajo. ¡angústiese, no duerma, grite, trate mal a sus
subalternos! ¡usted es el o la jefe! Todos sus empleados irán a su entierro,
pero para constatar que que lo hayan
enterrado bajo este rotulo:
“Aquí yace Inocencio Romero… de joven gastó su salud para
conseguir dinero. De viejo, gastó dinero para conseguir salud. Sin salud y sin
dinero: aquí yace Inocencio Romero”.
PREVENIR:
“El que no tiene cabeza para prever, tiene que tener
espaldas para aguantar”
¿QUE ES PREVENIR?
Preparar, aparejar y disponer con anticipación lo
necesario para un fin. Es prever o conocer de antemano un daño o perjuicio.
EL RECADO:
No siga las reglas de Inocencio Romero.
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