FLOR DE UN DÍA
Yo di un eterno adiós a los placeres
cuando la pena doblegó mi frente,
y me soñé, mujer, indiferente
al estúpido amor de las mujeres.
Nunca, nunca otros labios te besarán así;
ni unos ojos habrá que lloren de amor, como he llorado,
ni manos que, temblando, se acerquen hasta ti
con la ternura inmensa con que yo me he acercado.
Tengo mucho miedo
de las hojas muertas,
miedo de los prados
llenos de rocío.
Yo voy a dormirme
si no me despiertas,
dejaré a tu lado mi corazón frío.
¿Qué es eso que suena muy lejos?
Amor... El viento en las vidrieras,
¡amor mío!
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